El pecado del orgullo

El orgullo es como la ropa interior: “Es lo primero que nos ponemos y lo último que nos quitamos”

El orgullo, “Protege lo que Dios quiere destruir”, “Fortalece lo que Dios quiere debilitar”, “Vivifica lo que Dios quiere hacer morir”, “Da fuerzas para pecar”

Las quejas más comunes son: “Yo no veo ningún problema con tener orgullo”, también,

“¿Hay algún problema con ser orgulloso? Después de todo, necesitamos tener una alta estima de nosotros mismos. Dios nos ama, así que: ¿cuál es el problema con tener un poco de orgullo?”

El orgullo es la raíz de todo conflicto y problema que he observado en la iglesia, y es lo menos a lo que se le presta atención, o es combatido. Así que en muchas ocasiones, parece que el orgullo gana.

El orgullo es definido como la actitud en la que uno se siente superior a los demás, aun al punto de tratar a otros indiferentemente, como si no fueran dignos de tratar. El orgullo demuestra el pensamiento básico: “¡Yo soy mejor que tú!”.

Otros sinónimos bíblicos de la palabra orgullo son la arrogancia, soberbia, insolencia, altivez, Estos aspectos del orgullo nos impiden el fluir de Su Carácter en nuestras vidas, y obstaculiza que el bien llegue a otros por medio de nosotros mismos.

Es como no permitir a que El Plomero por Excelencia, que es Jesús, destape los drenajes de agua que están obstaculizados, tapados, y limpie la tubería para que el agua vuelva a fluir.
Por consecuencia terminamos desbordando nuestra basura por el suelo, rehusando que las características del cielo, fluyan a través de las tuberías.

El orgullo revela, expone, y levanta nuestros propios intereses, y auto-suficiencias, las cuales parecen ser muy necesarias y nobles. Pero cuando somos auto-suficientes, no solamente fallamos en ver nuestra necesidad de redención, sino que no veremos nuestra necesidad de crecer espiritualmente.

Por consecuencia, nuestro “YO” se convierte en un Dios, y toda obra del Único Verdadero Dios queda enmudecida y echada a un lado.

Sí, es cierto, que Dios puede romper a través del orgullo, como el cuchillo corta a través de la mantequilla, pero usualmente Él no lo hace.
El permite que andemos en nuestro propio engaño, hasta que reconozcamos que no hay ninguna otra salida, sino que en El. Si deseamos y queremos, a través de Su Espíritu, tenemos la oportunidad de mirar hacia arriba, y observar su gracia, evitando experimentar el castigo y desolación que viene como producto del orgullo.

“No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos”. (Filipenses 2:3)