Huertas son lugares de simbiosis

La mayoría de la migración hispana a Carolina del Norte en las últimas décadas ha tenido que ver con las oportunidades de trabajar en la agricultura en este estado. Incluso, este estado tiene una población inmigrante creciendo a un volumen más rápido que ningún otro estado en este país, de acuerdo con el Instituto de política migratoria.

Dentro del estado, el Condado de Henderson se conoce por su producción de manzanas, pero lo que muchas veces se va desapercibido es que detrás de estas huertas, hay muchos trabajadores migrantes. La Voz habló con unos de los dueños de estas huertas para descubrir el perspectivo de ellos sobre sus trabajadores, quien en mayoría son hispanos.

Lola Coston es la dueña de Coston Farms en Edneyville, una huerta con alrededor de 100 hectáreas de árboles de manzana. Para estos árboles, Coston contrata 16 a 20 trabajadores para piscar y mantener la tierra. De estos trabajadores, 12 de ellos vienen del programa H-2A, un programa que le da la oportunidad a extranjeros de peticionar para venir a los Estados Unidos para trabajar temporalmente en agricultura.

“Nosotros intentamos contratar a trabajadores locales, pero no hay suficiente gente dispuesta a hacer el trabajo duro de piscar manzanas, así que tenemos que usar a  trabajadores visitantes de otros países, como Mexico,” dice Coston.

Los trabajadores vienen a la frontera a recibir sus visas temporales, sus pasaportes, y todo el papeleo de inmigración y tienen la oportunidad de entrar en el país para trabajar un cierto número de días. Los trabajadores de las Huertas Coston se quedarán hasta el fin de octubre y luego tienen la oportunidad de renovar para el próximo año.

Los dueños de la huerta tienen que especificar los trabajos que quieren que hagan los trabajadores y depende de la huerta, pero las huertas Coston ofrecen habitación y transportación para los trabajadores para que vayan a la lavandería, compren comida, o hagan lo que les ofrece en el pueblo.

“Las habitaciones están como en estilo dormitorio pero todos tienen su propio cuarto, ventilador, y vestidor y comparten un baño de comunidad y cocina y comedor. No es de lujo pero les ahorra dinero y están cómodos allí,” dice Coston.

Los trabajadores en las huertas ganan buen dinero, ganando entre 12 dólares a 20 dólares por cada caja de manzanas que piscan, y a veces pueden piscar varias cajas en una hora, dependiendo de sus habilidades. Los trabajadores trabajan de ocho a diez horas diarias dependiendo del tiempo que hace afuera, pero están garantizados un cierto numero de horas de trabajo.

“No me puedo quejar. Nos tratan bien y gano dinero para mandar a mi familia en México,” dice un trabajador de Puebla, México.

Coston reconoce que piscar manzanas es trabajo duro y agotador pero dice que los dueños tratan bien a los trabajadores y aprecian el esfuerzo.

“Es trabajo duro. Es muy duro. Las manzanas se piscan a mano y se cargan en los hombres y uno tiene que correr de arriba para abajo, pero el dinero típicamente los recompensa bien.”

Los trabajadores se tienen que someter a entrenamientos de buena práctica para poder evitar lesiones. Les enseñan como piscar correctamente y subirse en las escaleras y les informan de los riesgos de trabajar en el campo.

Coston y su familia han tenido las mismas huertas por generaciones y dicen que han aprendido a tenerle cariño a los trabajadores. Coston y su marido han tomado clases de español para poder comunicar con los trabajadores y cuando sus mentes les fallan, usan un traductor en el móvil.

“Los trabajadores que vienen son muy buenos trabajadores y muchos de ellos son gente honesta y orientados en la familia. Mucho del dinero que ganan se manda a la familia que los espera en Mexico,” dice Coston.

Coston les da el consejo a los hispanos que lo único que pueden hacer para ser mas aceptados en la comunidad y en el país es ser honestos, responsables, y de intentar de seguir las leyes como cualquier otro ciudadano.

El cuñado de Coston, Russell Lyda, también tiene una huerta pero es más pequeña y el y su hijo piscan entre ellos dos. Pero, Lyda dice que hubo un tiempo cuando si tuvieron trabajadores migrantes.

“Los trabajadores migrantes en nuestra area han estado aquí desde que me puedo acordar. Todo empezó cuando los afroamericanos que piscaban duraznos en Georgia empezaron a venir a Carolina a piscar manzanas. Los latinos no empezaron a venir en cantidad hasta los años 70,” dice Lyda.

De estos trabajadores en los años 70, Lyda dice que 90% eran indocumentados y ahora en estos días es casi imposible trabajar en la agricultura sin papeles. La mayoría de la gente viene con documentación porque todo esta muy regulado ahora. Con documentación, viene mejor condiciones y pago.

Pero Lyda también reconoce que el racismo no era tan elevado en el pasado porque los trabajadores solo venían para la temporada y luego se regresaban a sus países.

“Los trabajadores aparecían en agosto y se desaparecían en noviembre. El racismo se empezó a ver mas cuando los trabajadores se empezaron a quedar aquí permanentemente.  Pero, la verdad es que yo no puedo culpar a nadie por querer venir a este país y crear una vida mejor.”