Los que nos quieren ver triunfar

Con la llegada del Festival de Manzanas, tuve la idea de escribir un artículo sobre los trabajadores migrantes que pizcan manzanas, y la verdad, pensaba descubrir cosas horribles sobre los dueños de estas huertas y cómo trataban a los inmigrantes.

He visto muchos documentales que se tratan de la agricultura y las condiciones inhumanas en que viven los trabajadores, quien son esclavos para los americanos quien quieren mano de obra barata. Pensaba en descubrir lo mismo aquí en el Condado de Henderson.

Pero no fue así.

Nathan Lyda, mi maestro del octavo grado, es hijo del dueño de la Huerta de Lyda and Sons y el sobrino de los dueños de Coston Farms. Lo contacté para una entrevista con su familia y me recordó que si yo hacía esta entrevista, no podía tener prejuicios sobre los anglos porque había muchos que tenían respeto para los trabajadores y los querían ayudar.

No le puse demasiada atención y seguí con mis prejuicios.

Lyda me conoce muy bien. Cuando era su alumna, siempre confiaba en él con mis problemas y muchas veces mis penas tenían que ver con mi vida como hispana en la ciudad pequeña de Hendersonville. El sabe que le tengo mucho rencor a esta ciudad y a la gente, quien muchas veces considero ignorante y racista, algo que ponía la objetividad del artículo en peligro.

Me dijo, “Si, Lucero, hay gente racista. Hay gente mala, muy mala y ignorante…pero también hay gente buena. También hay gente buena aquí, aquí en la ciudad donde te has creado.”

Sabía que era verdad pero mi mente testaruda siempre me pone de víctima de esta sociedad racista, cuando en realidad yo tengo el poder de sentirme como quiera.

Después de entrevistar al papá y la tía de Lyda, me di cuenta de que no hay mucha corrupción en la agricultura en este condado y que hay gente que si nos quiere, porque saben lo trabajadores que somos.

Lyda me recordó que yo soy privilegiada, no he tenido que piscar ni una manzana en toda mi vida, para eso tenía mi padre y mi abuelo, quien piscaron lo suficiente para toda la familia. Así que, me llevó a su huerta y me puso a piscar, algo que resultó cómico.

Después de las entrevistas, mi maestro me llevó a la parte más pobre de Edneyville y me preguntó quién pensaba que vivía allí. Yo asumí que eran los trabajadores de las huertas, pero cuando llegamos a los tráileres me dijo, “Estos son los ‘americanos’ que se quejan que los hispanos se están robando sus trabajos, pero son incapaces de hacer el mismo trabajo por orgullo y así se encuentran, pobres, viviendo del gobierno.”

El próxima destino fue Edneyville General Store, donde muchos de los trabajadores se paran para comprar una bebida o merienda. Allí me paré por una hora, hablando con los trabajadores que llegaban a la tienda y uno tras otro me dijo lo mismo, “No tenemos de que renegar. Nos tratan bien y nos pagan bien.”

Estas palabras de los propios trabajadores me hizo pensar mucho y también me dio un alivio inmenso y me quitó un poco del rencor que he guardado por tanto tiempo contra los anglos de esta ciudad, porque hay que darnos cuenta que por cada persona ignorante y racista, hay muchos, muchos más que si nos quieren ver triunfar.

Y eso es lo que vamos a hacer.